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Héctor Manuel Gutiérrez ha realizado trabajos de investigación periodística y contribuido para revistas de arte y música tales como Latin Beat Magazine, Latino Stuff Review, Nagari, Poetas y Escritores Miami, Signum Nous, Suburbano y Nomenclatura, de la Universidad de Kentucky. Funge como lector oficial y consultor de la división Exámenes de Colocación Avanzada en Literatura y Cultura Hispánicas en College Board. Es también consultor de español y literatura hispánica para el Banco de Evaluaciones Interinas y Exámenes del Departamento de Educación de la Florida. Es autor de los libros CUARENTENAS, Authorhouse, marzo de 2011 y CUARENTENAS: SEGUNDA EDICIÓN, Authorhouse, agosto de 2015. Le da los toques finales a dos próximos libros, CUANDO EL VIENTO ES AMIGO Y OTRAS CUARENTENAS y LA UTOPÍA INTERIOR, ensayos.

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June 18, 2018

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                                                                              ENTREVISTA CUASI APÓCRIFA A UN ENTUSIASTA ESCRITOR

 

Me place que me acompañes como amigo y colega en mis andanzas literarias y que me incluyas en las tuyas. Bueno, para empezar, lo primero que se me ocurre preguntarte es: ¿Cómo nació aquel prólogo original a Cuando el viento es amigo y otras cuarentenas, tu último libro?

“El placer es mutuo. Espero tengamos aun más intercambios. Y en cuanto al libro, ojalá que sea por lo menos el antepenúltimo. A ver…hace aproximadamente dos años, cuando ya había avanzado bastante en mi manuscrito, le pedí a mi amigo y colega Gene H. Bell-Villada que por favor me escribiera un prefacio. Yo había leído varias de mis cuarentenas en la tertulia literaria La Cueva, de la cual éramos participantes habituales, de modo que él conocía muy bien mis trabajos. Le adjunté vía correo electrónico varias composiciones inéditas. En realidad tardó mucho en responderme. El período de espera coincidió con la gravedad y subsiguiente fallecimiento de su compañera de tantas décadas, víctima de cáncer, ese silencioso mal que hace estragos.”

¡Cuánto lo siento! He de suponer que tu amigo tiene experiencia en cuestiones literarias.

 “Deduces bien; es un veterano catedrático que ha escrito varios libros analíticos, y es uno de los más reconocidos investigadores de Gabriel García Márquez. Además de recopilar dos colecciones con artículos y una con entrevistas, es responsable de un conocido estudio profundo de la vida y obra de este escritor colombiano, publicado en 1990, con una segunda edición en 2010. Recuerdo que tuvo la suerte de entrevistar al autor en 1982, apenas unos meses antes de recibir el Premio Nobel de Literatura”.

Pero en definitiva no fue él quien te escribió la apetecida introducción.

“En realidad no; ese es precisamente el detalle que provocó aquel raro introito que tú conoces a fondo. Gene me escribió, compartiendo pormenores de la fulminante enfermedad de su esposa. Cuando por fin me contestó, me dijo con genuina humildad, y quizás profundamente afectado por la situación por la que atravesaba, que no se sentía enteramente capacitado para reseñar mis cuarentenas, que como sabes, así  llamo al género literario que cultivo.

Hermoso gesto de tu amigo. Fue entonces que acudiste a otro escritor para que te escribiera el prefacio.

“Efectivamente. De buenas a primeras me dio con pensar que para alguien tan profundamente involucrado en tareas enmarcadas en la prosa narrativa, como la novela, cuento, crítica en general, historia, política, y demás ramas en el campo socio-literario, la poesía ocupa un lugar terciario. O digamos, talvez secundario, en particular cuando ésta se concentra exclusivamente en lo político-ideológico, como es el caso de la última etapa creativa de Pablo Neruda, o las composiciones de Juan Gelman, León Felipe o César Vallejo, para nombrar unos cuantos. Es una posición que respeto y admiro, pero que en mi mesa de trabajo no llena un ámbito prominente.”

De aquí deduzco que tu amigo no sentiría el mismo grado de afición a la poesía como género que tú y yo manifestamos en nuestros respectivos trabajos.

“Pues mira que fue precisamente lo que le insinué al recibir su caballerosa negativa, a lo que me respondió que en efecto sí le gusta la poesía y que, de hecho, podría recitarme de memoria algunos poemas del Siglo de Oro español que aprendió cuando joven. Desde luego, ¿por qué no asumir que ese gusto por la poesía maduró bifurcándose hacia la prosa narrativa, y no sólo prosa a secas, sino prosa social, que es la que prevalece en el período post-guerra?"

Yo diría que la prosa es otra cosa, otro mundo que indudablemente tiene sus encantos, pero al fin y al cabo es una de las muchas aventuras que pueden ocupar a un escritor, aun los que primordialmente se mueven en lo poético. La poesía, en cambio, generalmente cohabita con un peculiar tipo de personas: esas que se sienten a gusto con ella, no importa la preferencia o idiosincrasia a veces extrema o excéntrica de que adolezca el sujeto.

“Estoy muy de acuerdo: en la poesía existe una especie de encantamiento ancestral que subyuga a ciertos individuos, creo haberlo insinuado en algunos de mis textos. Es como si hubiera un enlace invisible, un pacto sagrado entre el abismo del cosmos poético y el que se sumerge en él o se deja abrazar, presa de los tentáculos de una misteriosa entidad que cautiva. Pareciera que aquellos que se unen al grupo, aceptan una callada membresía en el gremio o sociedad de escogidos; en fin, estamos hablando de una verdadera cofradía de afiliados unidos por el fino hilo de la sensibilidad.”

Pero no olvidemos que dentro de las posibilidades, existe también la prosa poética.

“¡Oh, sí, como no! Claro que existe y me gusta leerla y escribirla. Pero la prosa a que me refería es la prosa narrativa, particularmente la que trata en muchas instancias de "imitar" la realidad o a crear otra a su semejanza, y que me parece persigue un sino diferente. Ésta puede tener, ¿quién dice que no? un toque magistral, aunque periférico, de ese espacio estético que nos regala la poiesis. Sin embargo, diría que más que componente, es un ingrediente especial que la enriquece, mientras la poesía per se nos impulsa desde y hacia límites muy distintos. Al fin y al cabo, es el poema y lo que éste encierra lo que a seres como tú o como yo nos llama la atención. Es, en última instancia, ese tejido de silencio con sus misteriosos recovecos lo que atrae como imán. Desde luego, debo aclarar que de ninguna manera quiero sonar absolutista, condición que no encaja con mi constitución nerviosa. Es un tema altamente discutible y siempre me mostraré abierto a la dialéctica que éste podría generar.”

Por esta razón acudiste a otro amigo, supongo; el que firmó el prólogo que por fin me permitiste leer. Si es así, me atrevo entonces a preguntarte: ¿Quién es don Insulano Fénix de Favila?

“Don Insu es posiblemente la más leal y antigua de mis amistades. Vivimos y compartimos experiencias, estudió lo mismo que yo, leímos los mismos autores, preferimos el mismo estilo de música. Siendo hermanos en contemporaneidad y circunstancia, con sus altas y sus bajas, somos producto de la misma escuela. En fin, tenemos tantas cosas en común, que en ocasiones los planos en que congeniamos  nos convierten en una sola entidad. Algunos cínicos se han atrevido a decir que soy su alter ego, y viceversa; otros se han ido por el camino de sus propias preferencias y han insinuado estadios que van más allá de una simple amistad. Tampoco somos los únicos. Cabrera Infante, por ejemplo, siempre aludía a otro individuo, si mal no recuerdo, de nombre Walter, cuyo apellido no logro desempolvar. En el otro extremo está por igual Henry Chinaski, quien tenía gustos también afines a la propia aberración y  repugnancia a la humanidad de Bukowski. Como ves, son ocurrencias de vidas literarias o pseudo literarias que respeto y que francamente no afectan en nada la privacidad de mis propios desvaríos.”

 

Bueno, ese aspecto que desconocía me aclara algunas cosas que me inquietaban e interiormente me hacían sonreír. Ahora me atrevo a decir lo siguiente con completa familiaridad: nuestras lecturas e intercambios, me confirman que esa relación tan íntima, en realidad ha sido muy fructífera.

“Definitivamente, mi amiga. Su presencia es muy poderosa e influyente en mi escritura. Demás está decirte que por décadas siempre me ha dado una mano en mis períodos de crisis o de creatividad, que con frecuencia son un mismo fenómeno. Hace mucho que leo y escribo o re-escribo, que es como Borges nomina la lectura seria e inquisidora. Tanto él por su cercanía y disponibilidad, como la fenomenología borgesiana en aquellas  disquisiciones bibliográficas tan serias y afables a la vez, han impulsado este afán de metamorfosear la inherencia de mis propias lucubraciones. Por supuesto, en la actividad de publicar, por lo menos publicar un libro de mi cosecha, apenas soy un recién nacido: un párvulo que empieza a gatear, tarea que asumo con entusiasmo y devoción.”

Y juzgando por la aparición de tus libros, los planes de publicación, más una diligente aunque discreta participación en actividades culturales dentro y fuera del área, me parece que vas por buen camino. Ya tienes publicados más de un libro, y me consta que allá afuera te están leyendo. Esto me lleva a la siguiente pregunta: ¿Qué opiniones has podido recoger de parte de tus lectores?

“Bueno, como sabes, me desempeño en una órbita pequeña y privada. Dentro de la poquísima difusión en que me permito navegar, siempre firme en mi tendencia a estar alejado de los medios, las reacciones, todas diferentes e interesantes, en su mayoría han sido muy positivas. Te confieso que en mis delirios internos quiero ser considerado un poeta, aunque sea en letra minúscula. Debido a que usualmente me aventuro en varios géneros literarios, a veces rompiendo un poco las normas genéricas, en ocasiones respetándolas demasiado, otras maridándolas con elementos inesperados de la realidad, unos prefieren verme dentro de la narrativa. Los hay quienes se apegan al ensayista, otros al crítico literario o musical. Una porción igualmente relevante entre los que me han leído o escuchado en mis ponencias, me llama poeta, e inclusive a veces algunos suben la  primera letra a mayúscula y reconocen mi voz en cada creación. Para mí es una lisonja cordial y respetuosa, que agradezco. Digamos que, en principio, es un atuendo de honor que me queda demasiado grande y, admitidamente, estoy consciente de que tengo que entrenarme para que me sirva.”

Creo que nos pasa a todos. Es un obligado proceso cabalístico que muchos de nosotros debemos asumir. Y mientras tanto, en lo que “la corriente va y viene”, ¿qué proyectos se perfilan en tu horizonte?

“En estos momentos, aparte de Cuando el viento es amigo y otras cuarentenas,  me ocupan dos manuscritos. El primero, que tiene como título De autoría: ensayos al reverso, es una antología con enfoques a diversos temas, algunos ya publicados, la mayoría, todavía inéditos. El segundo, La utopía interior: superación del dualismo en los ensayos de Ernesto Sábato, se proyecta como un acercamiento historiográfico a la obra de este oscuro escritor argentino.”

Veo que como de costumbre tienes la mochila llena de ideas y planes en tu hidalgo caballar. Suerte en tus nuevas aventuras quijotescas, y gracias por las ofertas, siempre esperadas y bienvenidas de mi parte.

“Al contrario: gracias a ti por la visita. Reciproco efusivamente tus augurios.”

                                                                                                                  Odalys Interián.

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